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La primera vez que ví a John Grant en directo, no le hice mucho caso, la verdad: el tipo era el líder de un grupo llamado Czars, que en aquel invierno de 2002 teloneaban a The Flaming Lips dentro de aquel simpático festival itinerante llamado Wintercase que tuvo la deferencia de acercarse a una ciudad como Vitoria. El pack se completaba con Imperial Teen y British Sea Power, nada mal, pero vaya, a lo que íbamos la mayoría era a ver el espectáculo pirotécnico de Wayne Coyne y compañía, y la verdad es que ya podía haberse desgañitado John Grant…

Las cosas cambiaron (y mucho)  entre aquellos primeros dosmil y la salida  del soberbio “Queen Of Denmark” en 2010. En esos ocho años, el tipo tuvo tiempo de cortarse las trenzas (juro que las llevaba en 2002, es de lo poco que recuerdo), quedarse sólo en la banda tras la espantá del resto de los miembros, aficionarse al crack y la cocaína, salir del armario, y estudiar para convertirse en algo tan misterioso como intérprete médico de ruso (¿?) en un hospital.

El disco de debut de John Grant como solista, publicado en 2010 en el sello Bella Union, vino a cambiar  las cosas de forma definitiva,  y por primera vez los medios pusieron al de Michigan en el objetivo. En aquel álbum el autor parecía reconciliarse con una homosexualidad que no había sido capaz de aceptar durante demasiado tiempo, y se mostraba sensible y honesto sin caer en un exhibicionismo barato. Había que ser muy burro para no rendirse a la desarmante belleza de “Marz“, o  el sonido soft-rock de una “Sigourney Weaver” (título molón ¿eh?) que lo emparentaba sin disimulo con Elton John.

Y cuando por fin, después de tanta catarsis y con la crítica a sus pies, John Grant podía haber hecho el disco que le diera la gana, sabiendo que el mundo iba a escucharle, pues va el tío y se nos reinventa: en 2013 tendremos la continuación de ese “Queen Of Denmark” y, por lo que hemos podido constatar hasta ahora, el hombre se nos ha dejado una barba digna de un guardabosques canadiense y se nos ha pasado a la electrónica. Sí, a la electrónica.

Que nadie se asuste: la dotada garganta de Grant sigue estando ahí, pero se ha dejado el piano en casa y ha grabado el disco en Islandia dejándose acompañar por gente como Gus Gus o Sinead O’Connor. Y claro, pasa lo que pasa: que entre los sintetizadores marciales y esos arreglos de cuerda dignos de John Barry, “Pale Green Ghosts” te deja primero con el culo torcío, pero va ganando con cada escucha hasta hacerse enorme. Y si no, haced click en el vídeo de abajo, y al tiempo…

Y como hoy me siento generoso, venga, una propinilla de lo más golosa. En este caso se trata de un remix del tema de Grant, algo de lo que a priori no soy muy partidario, pero que en contadas ocasiones (algún día haré una listilla de remezclas tan buenas o mejores que las canciones originales, lo prometo) depara grandes alegrías. Este es justo el caso que nos ocupa, y la verdad es que ahora mismo no sé si me gusta incluso más que el original: se trata del “No Ceremony Remix” que da una vuelta de tuerca más a la canción, y lo lleva al terreno de Dave Gahan y sus secuaces. No, no es una exageración, estos tíos consiguen que el otrora sosegado John Grant suene como los mismísimos Depeche Mode (los de “In Your Room“, por ejemplo): aún más épico (¡esos vientos inflamados del final!), aún más sintético, y contra lo que suele ser habitual en esas remezclas (capaces de estirar una nota hasta el límite de lo soportable) ¡más brevemente que en la versión original! Bien por los No Ceremony, quienes quiera que sean. aunque me da que no entusiamará a los que se derretían con las confesiones en la intimidad de “Marz“,  y en cambio gustará a los que disfrutaron sin complejos del “Wonderful Life” de los (algo regularcillos, soy consciente) Hurts. Lo dejo ahí.

6 pensamientos en “Pale Green Ghosts – John Grant

  1. Reservado hueco en la tarde del miércoles para escuchar esto con detenimiento. Mucha curiosidad por ver la influencia del sonido Gus Gus y el toque islandés. Y sí, sin complejos admito que me gustó Wonderful Life de The Hurts, llamadme rebelde.

  2. a mí el before…but longer de the czars me encanta (a pesar de su portada, sin duda una de las más feas de la historia).

  3. Increible, me parece que tiene unos arreglos que pueden provocar que se te vaya la pinza. Vine tarde, pero vine.

  4. JAJAJAJA ¡no había visto la portada, Pepe! Dios, qué cosa más fea. Seguro que se la ha hecho Richard Hawley, que parece empeñado en seguir poniendo sus conocimientos como diseñador gráfico al servicio de sus discos.

  5. Por cierto, después de MUCHO tiempo (más o menos desde el Attention) sin hacer nada decente, tengo que romper una lanza en favor de GusGus (quién lo iba a decir, con lo que me gustaron, y que ahora den más penica que Tricky). El Arabian Horse está lejos de los discos anteriores; hay restos de ese House – Dance tan enrollao, pero todo muy velado. Es mucho más ambiental y tranquilillo que sus predecesores (por otro lado, es lo mejor que podían hacer, porque vaya desastre) pero también tiene un par de temas bastante Dream-House.

    Creo que todo queda bastante ejemplarizado con “Selfoss”, el tema que abre el disco y parece la típica intro de subidón que luego mete la hormigonera al más puro estilo Chemical Brothers, pero NO. El crescendo no va a ningún lado, es un subidón per-se que “culmina” con una transición a acordeones más dignos de gitanos centroeuropeos que de clubs cool de Reykjavík.

    Obviamente, no va a pasar a la historia, pero abre una rendijita de luz (de aurora boreal) que iba haciendo falta.

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