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El pasado 14 de enero se cumplían exactamente dos años del fallecimiento de Trish Keenan, cantante de Broadcast, por causa de una neumonía.  La verdad, creo que pocas muertes ha habido en el mundo de la música que me/nos hayan conmocionado de la misma forma que esta, no sólo por lo que tuvo de inesperado (¡42 años!), como por la adoración que me/nos inspiraba el asombroso grupo de Birmingham, y su vocalista en particular.

Se ha escrito mucho y muy bueno sobre los increíbles Broadcast, y sin embargo no me resisto a dar un par de apuntes, por si aún queda alguien en este mundo que no ha escuchado a esta banda de electrónica retrofuturista, con un pie en los 60 y el otro pie en la luna. Descendientes directos de los muy drogados y muy psicodélicos The United States of America (no perdáis el tiempo con ese nombre tan poco googleable, aquí os pongo un link que os dejará temblando, a ver si alguien se estira y me regala la edición que viene con los bonus tracks… y aún decís luego que es imposible regalarme discos), el grupo atrajo la atención del respetado sello Warp, que editó una compilación de sus pimeros singles bajo el título de “Work & Non Work“. Esto fue en 1997, y a partir de ahí, todo fue crecer hasta hacerse enormes. Crecer musicalmente, claro, porque empezaron siendo un cuarteto, fueron perdiendo miembros por el camino, y tras la muerte de Trish sólo queda James Cargill. En fin, a lo que importa: canciones como la maravillosa  “Come On, Let’s Go“, y discos irreprochables como “HaHa Sound” están ahí para atestiguar lo buenos que podían llegar a ser.

Illumination” es una de las mejores composiciones de los Broadcast anteriores al pelotazo que supuso “The Noise Made By People“. La letra, como es habitual en el grupo, surgía de auténticos ejercicios de escritura automática, de forma que abundan las imágenes de gran carga onírica y asociaciones de ideas tan crípticas como poéticas. Y en cuanto la música..uff. Vamos a dejarlo en que la melodía no es de este mundo. Como una Edda Dell’Orso del final del siglo XX, la hermosa voz de Trish sobrevuela en círculos el hipnótico y característico runrún electrónico y cacharrero del grupo, y nos transporta atrás en el tiempo: hacia ese futuro lleno de flores raras en el que las chicas hermosas no mueren, y quedan simplemente criogenizadas en una cámara hasta que alguien las despierte con el beso de las estrellas.

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