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A finales de los 60, la cosa se salió de madre. En apenas el intervalo de 3 años, se publican discos como el “Pet Sounds” de The Beach Boys,  el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles,  o el “Forever Changes” de Love. Eso, por no hablar de discos que hoy no son tan reconocidos, pero podrían sin complejos competir con los anteriores en las calles 7 y 8: me refiero a cosas como el infravaloradísimo “Present Time” de Sagittarius, el  “Begin” que firmaban The Millenium, o el fantabuloso “Odessey And Oracle” de The Zombies. Y paro de contar, porque la lista sería de vértigo.

Los 4 Seasons de Frankie Valli  y Bob Gaudio quisieron unirse a la selecta lista, y vaya si lo intentaron. En 1969, el sello Philips publicaba el presuntuoso “The Genuine Imitation Life Gazette” y se estrellaba en el intento: la falta de singles con el potencial de “Rag Doll“,  “Sherry“, la sobadísima (echadle la culpa a Dirty Dancing) “Big Girls Don´t Cry“, o “Beggin’“, dejó al grupo muy lejos de sus aspiraciones, y al tema que supuestamente estaba llamado a conquistar los charts, “Mrs. Stately’s Garden,” estancado en la cola de los top 100 de la época. Pero es que, aunque los espejos en los que se miraban eran revolucionarios, los 4 Seasons eran además un grupo bastante más conservador en lo musical. De modo que, mientras Brian Wilson andaba en 1967 obligando a su orquesta a grabar con cascos de bomberos (y él se ponía fino de LSD), los 4 Seasons se conformaban con tirar del falsete un pelín chirriante de Valli, y de un rollo motown bastante apañadete, pero algo rancio. Pensad que en 1967 Pink Floyd debutaban con “The Piper At The Gates of Dawn“, y en aquellos años de milagros sonoros y boom psicodélico, no ser la repera y parecer un hippie endrogao era algo así como ser un pringado. Hoy nos conformaríamos con muchísimo menos, pero bueno, “The Genuine Imitation..” no cambió demasiado las cosas, pese a lo muy ambicioso de su planteamiento (una especie de sátira sobre el modo de vida estadounidense de aquella época), y canciones como “American Crucifixion Resurrection” (al loro con el título) ya dan una idea de las pretensiones del grupo, y lo blandito del resultado final. Para la posteridad quedará, al menos, el diseño deluxe con el que presentaban el álbum: Seis hojas de  un periódico repleto de anuncios, noticias y chorradicas varias, que hoy habrán puesto las ediciones originales en vinilo por la troposfera.

El caso es que, en pleno 2012,  uno es aún más rancio que Frankie Valli y sus chicos, y si tuviera que quedarme con una pista, sería con esta joya un pelín kitsch. “Idaho” no es que sea rancia, no: es directamente antediluviana. Los juegos a cuatro voces  en plan doo-wop son deliberadamente retro, y sólo la potente línea de bajo puede rescatar al tema de no retroceder unos treinta años (más) en el tiempo. Pero, oh, es adictiva hasta decir basta, con un aire a jingle comercial fabricado para instalarse en tu cabeza de por vida, y ha acabado por conseguir que uno crea que el estado de Idaho (Capital: Boise) es un lugar mucho más maravilloso de lo que debe ser en realidad.  A John Lennon le encantaba este disco. A Brian Wilson, “Idaho” le hubiera ido de perlas para el “Smile“.

3 pensamientos en “Idaho – The 4 Seasons

  1. Durante años ha acompañado los viajes de verano, obviamente, gracias a ti. Alegra el domingo perruno por la tarde.

  2. Pingback: Idaho – The 4 Seasons, Bob Gaudio music

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