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¿Recordáis aquel fantástico cuento de Andersen llamado “La Reina de las Nieves”? Siendo yo pequeño, era una historia que me inspiraba fascinación y temor a partes iguales, como si de algún modo a mis pocos años ya intuyera el rollo malvado y definitivamente adulto en esa historia, presuntamente infantil. El arranque no puede ser más turbador:

El demonio (aquí no hay alegorías en forma de lobo o bruja: El Demonio) rompe accidentalme un espejo maligno con el que pretendía ofender a Dios, y los fragmentos, diminutos y en gran número, caen en forma de lluvia terrible sobre la tierra. Uno de esos cristales entra por el ojo del pequeño Kay, alojándose en su corazón, momento a partir del cual éste comienza a helarse. En fin, leeros el cuento, joder, que es muy chulo.

Todo esto viene a cuento de que, escuchando el disco de debut del joven Samuel Howard, bajo el alias de Halls, uno diría que el corazón de este muchacho se ha congelado con una de esas esquirlas, de lo sobrecogedor y helado que suena. Yo, la verdad, no me acabo de creer tanta solemnidad y desolación, bien trufada de títulos ad-hoc como “I’m Not There” o (que no falte) “Funeral“, pero, por otra parte, creo que son innegables los atractivos de la música del que llaman “El nuevo James Blake”.

Sin entrar en debates sobre si necesitamos un nuevo James Blake o no, lo cierto es que la referencia al chico del flequillo es bastante orientativa. Ambos autores comparten ese gusto por los silencios, la cosa esa que llaman post-dubstep, e incluso el toque neo-soul.  Más relaciones: con el falsete (y los glitches) de Thom Yorke  y (aquí viene donde la liamos) con la, ejem, música clásica. Y a veces yo creo que se le va un poco la mano, como en “White Chalk“, con esos coros distorsionados (Eso es el “Ave Verum” de Mozart ¿no?) que están provocando más orgasmos en la blogosfera que, es mi caso, levantamientos de ceja. Amiguito Sam: para eso ya teníamos el “Sadeness, Pt. 1” de Enigma.

Vamos con las buenas noticias: “Roses for The Dead” suena majestuoso y envolvente, sin necesidad (o eso creo) de samplear a ningún clásico. Asimila los hallazgos de los primeras filas de la electrónica, y los hace más accesibles, incluso más pop, en el puro sentido de la palabra: pop de “popular”. Yo diría que este es el tema más delicado del disco, no sólo en cuanto al uso de esos ruiditos cristalinos que tienden un frágil colchón digital para la voz espectral de Howard, sino en el modo en que emociona sin tirar de truquillos efectistas demasiado burdos. No sé qué opinaréis vosotros, pero yo creo que dará que hablar, para bien o para mal.

Y tú, Woodkid, toma nota, que te pasas siempre tres pueblos.

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8 pensamientos en “Roses For The Dead – Halls

  1. Me ha encantado este post, sobre todo el final. Ya te contaré, que no tenía la más mínima referencia sobre el flequillito en cuestiòn.

    • No, si la referencia al chico del flequillo iba en principio para James Blake..pero ahora qué lo dices, éste tampoco anda manco. ¿Qué c*** está pasando últimamente en los pelos de la gente? Ah, con lo fácil que es ir por la vida con mi peinado (Bautizado cruelmente por mi hermano como “pelos Nobita, el de Doraemon”, con bastante fundamento, por cierto..)

  2. Pues prefiero pelo Nobita a pelo libro, que es el que me queda cerca. Este quizás pueda encajarle al marmolista.
    Volviendo a la canción, me gusta, me traslada también a los primeros temas oscuros de Jay Jay Johanson que me gustaban tanto.

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