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Ah, el eterno debate de la autenticidad. ¿Debería dejar de gustarme una canción, por el horrible pecado de no ser demasiado original? ¿Qué hacer cuando los pies te lanzan a bailar, bajo la omnipresente y acusadora sombra de, oh,  La Influencia?

El caso es que en su disco de debut, el simpático “The Heart of the Nightlife” (2010),  el dúo formado por la pareja-en-la-vida-real Jesse Kivel y Zinzi Edmundson no parecía acusar tanto sus filias musicales, y sonaban deliciosamente frívolos y ligeros. Por recordar a alguien, podríamos decir que sí, tal y como se puede leer por ahí,  sonaban como un Jens Lekman en technicolor.

No es que en el single que han publicado en 2012, anticipo de un futuro álbum, se detecte un cambio de aires hacia lugares más sombríos ni nada de eso, sólo que en  “Funny Heartbeat” parecen invitar al mismísimo Morrissey a su chiringuito de playa. Y no, no hace falta que volvaís a leerlo, habéis visto  bien: suena como si el tipo que cantaba sobre novias en coma y niños asesinados cantara ahora (coco loco en la mano) sobre amores de instituto.. ¿Que si me importa? Pues no, no me importa en absoluto. Ojalá hubiera más canciones como esta, en la que un “Oh-oh-uh-oh” puede llevarte del amorrodamiento en tu puesto de trabajo, a las soleadas playas de Los Ángeles.

John Hughes la hubiera incluido en alguna de sus pelis. Produce un Saint Etienne. Bendita intrascendencia.

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