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Supongamos que el inminente  “Trouble Will Find Me” de The National se hubiera filtrado hace cosa de una semana, más o menos. Pongámonos ahora (es un decir) en el improbable caso de que ya hubiéramos tenido ocasion de escucharlo, y de comprobar que la banda originaria de Ohio sigue en plena forma: este es del disco que han adelantado “Demons” y “Sea Of Love“, sí, pero seguramente hay otras canciones (¿”Humiliation“?) entre las 13 del lote que levantan un nuevo monumento a la melancolía, a la altura de las cimas alcanzadas por el grupo en sus soberbios y más inmediatos predecesores,  “Boxer” (2007) y “High Violet” (2009). En fin, estamos adelantando acontecimientos, así que de momento tocará esperar, y hablaremos de este disco (de eso podéis estar seguros) cuando toque.

Lo anterior viene a cuento de “Diamonds“, el ligero snack ideal para entretener el apetito hasta que se publique de forma oficial lo último de la banda de Matt Berninger. Como todo aperitivo de producción industrial, ni es demasiado sustancioso ni podemos pedirle mucho más que nos libere de la sensación de gazuza, pero hay que reconocer que, disfrutado en el momento adecuado, entra de muerte. Tampoco podemos pedirle que sea demasiado original, al menos si nos ceñimos al hecho de que, salvo para mis hijos, los Cheetos, los Pelotazos y los Pandilla no quedan tan lejos unos de otros; lo cual no es obstáculo para que nos demos una panzurriada de ellos que nos deja con el estómago hinchado y la lengua naranja.

Firman la canción The Boxer Rebellion, un grupo más bien gris proveniente de Londres. Que se entienda bien el calificativo: ni su música es triste ni son uno más (otro) de esos grupos de dream-pop con legañas a los que empieza a ser realmente difícil diferenciar. Me estoy refiriendo más bien a una trayectoria no demasiado interesante, en la que el cuarteto ha desplegado un indie rock correctito y con un claro regusto británico, a pesar de las raíces norteamericanas de su vocalista, Nathan Nicholson. Desde su formación en 2001, y a lo largo de tres discos que ni estaban muy mal ni tampoco acababan de estar bien (“Exits“, “Union“, y el más reciente “The Cold Still“) el grupo nunca ha destacado especialmente del pelotón que, con un pie en la orilla del indie y el otro en la del mainstream, trata de conquistar a las masas que viven en la segunda sin perder el reconocimiento de las que habitan la primera.

El problema es justo ese: parece como si The Boxer Rebellion hubiera intentado ser Radiohead circa “The Bends” (quizá a lo que han aspirado que con más ahínco), ser The Verve, ser Doves, ser unos Editors apaciguados, ser cualquier cosa menos ellos mismos. Claro, podía haber sido mucho peor: podían haber querido ser Muse, o The Black Eyed Peas, pero no deja de ser un consuelo muy pobre para un grupo al que, intuyo, no le falta intuición melódica para hacer cosas más interesantes, y al que sin embargo veo ya un poco quemado por los años para dar la sorpresa. Quizá es por eso que, aunque la crítica británica saludó con optimismo su irrupción en el panorama musical hace ya unos cuantos años, y llegaron a publicar su debut en el sello Poptones de Alan McGee, a esta alturas no puede decirse que gocen de demasiada atención por parte de los medios: por lo que he podido leer, en América Latina gozan de un cierto status (sobre todo en México), en España son -hay excepciones- prácticamente unos desconocidos, y después de quedarse sin sello en 2005 el grupo tuvo que empezar a publicar (me imagino que hubo más de imperativo que de premeditado en ello) bajo el label que ellos mismos habían creado.

Promises” se publicó de forma oficial hace apenas unos días, es su cuarto largo si no contamos el recopilatorio de caras-b (de eso también tienen), y “Diamonds“, la canción que ha servido para presentarlo. Y ahora es cuando toca decir que, pese a todo lo anterior, no puedo evitar que me guste esta canción. He intentado ser razonable y convencerme de que el peso de los mejores The National es excesivo, y que la ausencia de la voz de Berninger es una falla insalvable, pero no: no hay manera. Hay algo en ese obsesivo punteo de guitarra, algo en los acordes menores de su estribillo, que me toca la fibra sensible y sí, lo reconozco, me hace disfrutar. La escucho con un cierto sentimiento de culpabilidad, pero luego acaba y ¡ay! vuelvo a escucharla. No aportará nada a la historia de la música, nadie se acordará de ella cuando llegue diciembre y todos los medios anden haciendo el repaso de lo que 2013 dio de sí, pero tengo que reconocer que me gusta, y que a pesar de ello no logro sacudirme la incómoda sensación de que, en el fondo, lo único que echamos en falta es que no venga firmada por The National: entonces, todo el mundo podría respirar aliviado al afirmar que “Diamonds” es una canción estupenda.

I’m no good next to Diamonds
When I’m too close to start to fade
Are you angry with me now
Are you angry cause I’m to blame

Cause I fall away
Further than I ever was
Further than I ever was
Further than I ever was...”

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