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Se podría reprochar a este blog, y no sin cierta razón, que al fijar su atención en canciones sueltas de un disco de alguna forma quedan separadas del contexto en el que han sido creadas. Lo cierto es que aunque la edad dorada de los singles (los años 60) contribuyó a la expansión del pop  de un modo que los álbumes difícilmente hubieran logrado, la ruptura introducida en 1967 por el exitoso “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles consolidó un término, el de “álbum conceptual”, que hasta entonces había tenido una muy limitada representatividad. En la siguiente década el fenómeno conocería su auge, sobre todo gracias la difusión del rock progresivo, un género que en su propia definición (la supresión de la hasta entonces imperante fórmula estrofa-estribillo, en favor de la supuestamente “más progresista” exploración de largas e intrincadas estructuras armónicas) requería de un formato no tan inmediato y mucho más generoso en surcos. También la voracidad de los sellos discográficos tuvo que ver en el fenómeno, de ahí que en los años ochenta  fuera tan habitual encontrar discos (sobre todo en el pop más mainstream) en los que sólo podía rescatarse la primera canción del disco, mientras que el resto de las canciones apenas aguantaban la condición de relleno. A fin de cuentas ¿por qué limitarse a vender un single cuando podías hacer que el comprador pagara un poco más por todo un álbum?.

En fin, cosas de los ciclos, la entrada del nuevo siglo ha traído el declive del largo y la consolidación del sencillo, con la novedad de que éste ahora prácticamente no se publica en formato físico. Efectivamente, la popularización de las nuevas tecnologías de producción y reproducción musical ha traído consigo un fenómeno hasta ahora desconocido: nunca había sido tan fácil como ahora el que un tío grabe su música en el dormitorio de su casa, con ayuda de un ordenador, y el que este tema se convierta  inmeditamente en un éxito en la red gracias a su difusión en formato mp3, gracias entre otras cosas a una tupida red de híper-información capaz de convertir a híper-velocidad una insignificancia en un fenómeno global. Ahí me incluyo yo: me fastidia reconocerlo, pero supongo que contribuyo con estas líneas a la contaminación informativa y al fortalecimiento de esa cultura que cada vez tiene menos tiempo y paciencia para el formato largo, y se lanza de modo voraz sobre el hit. Trato de contrarrestar -hasta ahora, sin éxito- ese arrastrado sentimiento de culpabilidad de muy distintas formas: la primera (aunque no siempre lograda) es precisamente incluir en las entradas alguna referencia al artista y el disco, de modo que el lector pueda no sólo descubrir una canción que me parece soberbia, sino interesarse -si procede- por el resto de la obra del autor. Otra estrategia para no convertir éste en el enésimo blog que escribe sobre las mismas flores de temporada es todo un lujo para estos tiempos tan prisioneros del  “y ahora..¡esto!”, y no es otra que poder escribir sobre las canciones que me da la gana, sean o no novedades,  y sean tanto los grandes éxitos de una banda como esas “canciones pequeñas” que aparecían en los discos pero no sonaban en las emisoras. Esto me resulta especialmente satisfactorio, y he de reconocer que hay más vanidad en la contribución al reconocimiento de una joya olvidada,  o la recuperación de una cara-b que se merecía más, que en la difusión de la canción que podría convertirse en the-next-big-thing.

La parrafada anterior viene a cuento de “Slave Ambient“, el disco que en 2011 publicaban The War On Drugs para el sello Secretly Canadian. Es un disco especial que con cada escucha ocupa un sitio mayor en mi colección de debilidades, y que hasta el momento se ha mostrado como imbatible en la guantera del coche para acompañar viajes largos. Bueno, pues si tuviera que decir ahora mismo un disco que hay que escuchar de-pé-a-pá, todo seguidito de principio a fin, sería este segundo largo de la banda de Filadelfia.

Slave Ambient” se fraguó a lo largo de tres largos años, los tres que van de la gira de  presentación de su debut “Wagonwheel Blues” (2008) y el posterior abandono de Kurt Vile para iniciar una interesante carrera en solitario, a la publicación del posterior EP “Future Weather“. Cuando finalmente se publica el segundo largo, la recepción de la crítica es unánime, y es que pocos “peros” se le pueden poner a una música capaz de aunar de un modo tan eficaz los reflejos del pasado y la proyección hacia el futuro. Las canciones de The War On Drugs evidentemente tienen puesto el retrovisor en los años dorados de Springsteen, y la forma de cantar de Adam Granduciel remite sí o sí a la característica entonación de Dylan, pero ninguna de esas referencias sirve por sí sola para explicar la música del grupo. Digamos entonces que a las referencias anteriores habría que añadir capas y capas de sintetizadores que empañan lo que podría haber sido un ejercicio de arqueología con la condensación de vapores abstractos y ciertamente lisérgicos: saturación ambiental como la de unos Arcade Fire sonando dentro de una sauna.

Junto a la muy springstinianaBaby Missiles“, “Come To The City” es lo más cerca que está el grupo de firmar un sencillo, pero como ya comentaba,eso es mucho que decir, y tampoco le hace ninguna falta: el tema no acusa la falta de estribillos tarareables y sirve como muestra de las elevadas capacidades del grupo. La maravillosa pieza instrumental “The Animator” (el disco está repleto de ellas, y lejos de constituir el habitual relleno aquí tienen una importancia capital como transición entre canciones, contribuyendo a esa cualidad unitaria del conjunto) le sirve de introducción, mientras que “Come For It” funciona como un gaseoso epílogo. Suena como un rock’n’roll que nos llegara de una emisión venida del espacio atravesando los años-luz y se hubiera ido impregando de polvo de estrellas, y podéis descargarla de forma legal y gratuita (botón derecho, ya sabéis) aquí; lo he dicho ya varias veces, pero aún voy a insistir una más: que sirva sólo para convenceros de que ahí hay todo un disco en el que vale la pena sumergirse.

Lead me back to the place I’m from
Past the farms and debris
You can see it from the highlands
As you roam ‘long the range

I’ve been on the look for a quiet place
It’s not far from off the range, baby
Take me back to the one I love
It’s not far, it’s on the way

I’ve been ramblin’

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4 pensamientos en “Come To The City – The War On Drugs

  1. Es un discazo. Me lo descubriste hace ya un tiempo y me encantó, pero reconozco que no lo he escuchado del tirón.
    Además de springsteen y dylan, pongo a simple minds, no sé por qué, pero me recuerdan.

    Tampoco se por qué, pero la portada del disco acierta con la música que contiene.

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