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Cosas de haber sido boy-scout, unos cuantos años de mi infancia: creo que toda mi vida me acordaré, entre muchas otras cosas buenas, de aquella cancioncilla que se cantaba cuando llegaba el final del campamento, todos unidos cantando aquella tonada un pelín horterilla de  “llegaaado ya el momento de la separacióoon, formeeemos compañeroos, una caadena de amooor”. Bien, pues por si hay alguno que no lo sabía, la canción, en su versión original, se llama “Auld Lang Syne” (“Por los viejos tiempos”), y no es otra cosa que una canción popular escocesa común en ceremonias solemnes del tipo de funerales, despedidas, etc. El caso es que ( y aquí es donde empiezo a entrar en el tema, quitad esas caras que ya me centro) un tal Ben Schneider, que es lo que pone en la Declación de la Renta de Lord Huron, se atrevió hace unos meses a dar difusión a su particular versión indie del tema, (que por cierto os podéis descargar gratuitamente, si alguno tiene curiosidad) donde se ponen de relieve todos los vicios y virtudes de su música.

Vamos primero con los vicios, y dejamos las buenas noticias para el final: Este chico cuyo nombre empezó a circular entre los entendidos hacia 2011 está tan obsesionado (o eso parece, al menos) con los Fleet Foxes que su música no es precisamente el colmo de la originalidad. Ello le acabó animando a buscar una diferenciación que se ha ido acentuando,  sobre todo a partir de su debut en  largo de 2012 “Lonesome Dreams“, y que consiste en añadir una colorida nota exótica a su música: ahora suena a unos Fleet Foxes con poncho, para entendernos. Pero ojo, que si la cosa hubiera acabado orbitando cerca de Paul Simon, como ocurre en la digna “Time To Run“, aquello hubiera tenido un pase: la conexión entre los de Pecknold y los archifamosos autores de “Mrs. Robinson” nunca me había resultado tan evidente como en esta canción. El problema con el disco es que no, que cuando digo lo de los Fleet Foxes con poncho, me estoy refiriendo a que las dichosas flautas andinas y una percusión algo desaforada acaban convirtiendo el proyecto de Schneider en la version moderniqui de esos artistas callejeros del altiplano que acompañan su música con disfraces indígenas y burdos fondos new age derramándose desde un amplificador.

Ends Of The Earth” consigue, por contra, interesarme bastante más. La cuota “indie-gena” sigue estando ahí, pero bastante más atenuada. Hay en cambio, una cierta melancolía en este folk-rock que me resulta francamente atractiva y me traslada, no sé si queriendo o sin querer, a mis días de boy scout, y es que los derroteros discurren exactamente por donde estais imaginando: paisajes sonoros, bucolismo, y la oportuna fogata a la que acercarse  para calentar las manos cuando el frío arrecia. Me temo que unos Local Natives más atinados les han birlado la silla en el último momento, y que lo de este grupo de Michigan se quedará en promesa incumplida, pero al menos esta canción hará más agradable una parte del viaje. A ver si os gusta.

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