A cardarse el pelo. A buscar (el que las tenga) en el cajón las chapicas de Black Sabath. A encontrar en el baúl de los disfraces el traje de Gary Glitter que llevamos a aquella fiesta del colegio. (Aunque visto lo visto, quizá no sea el mejor momento). Lo que en una primera escucha parece un genial ejercicio de estilo con el retrovisor puesto en los 60 y 70, va descubriendo después que, mucho más allá del revival de la psicodelia, el glam rock, Pink Floyd y (esa voz) hasta los Beatles, hay ideas muy, muy chulas. Después de un primer disco que puso a la crítica a mirar a Perth, el proyecto casi-personal de Kevin Parker ha explotado y nos ha dejado a todos con cara de flipados, y cubiertos de confetti hasta las cejas. Y digo confetti porque no me endrogo, pero aquí hay mucho de eso: de exploración del subconsciente, de viajes astrales bien puestos de ácido y todo lo que se os ocurra en ese plan.
Como si todo este mejunje de ideas no fuera ya bastante, la producción de Dave Fridmann saca aún más brillo a las canciones , y las planta a la altura de las mejores del “Soft Bulletin”. Escuchad la increíble “Feels Like We Only Go Backwards” Se nota el toque de la casa ¿no?… Pero ahora, vamos al tema que da título a este post, porque tiene algo que lo hace especial, algo que lo diferencia del resto del lote de “Lonerism“. “Elephant“, con su sonido machote, su glorioso solo de teclado, y SÍ, sus guitarrazos macizos, va un poco por libre.
Leí en una entrevista a Kevin Parker que habían intentado hacer una canción que sonara como el elefante que le da título, y vaya si lo han hecho: el elefante rosa que sale en Dumbo cuando éste se emborracha. ¿A que la imagen es buena? Pues, mierda, la asociación no se me ha ocurrido a mí, y me fastidia, porque la imagen funciona muy bien para explicar qué es esta canción, y una vez que lo has leído ya no te lo puedes sacar de la cabeza.
¿No lo he dicho aún? El mejor riff de lo que llevamos de década.
Este grupo ha hecho que me reconcilie con la mayoría de mis amigos roqueros, y si, me apetecería tener de nuevo el tipín que me gastaba en los noventa para enfundarme la mini chupa que tenía y subirme de nuevo el cuello.
Me gusta, aunque me da un poco de ganas de drogarme.